Ópera Queer: La lírica en unión con la diversidad

Los cantantes gemelos Luis y Fernando de Gyldenfeldt presentan su ciclo en Machado Teatro este lunes 20 de noviembre, a las 20 hs.

Texto: Noelia Pirsic | Fotos: Gentileza Feliza

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“Ando necesitando zapatos de mujer, negros, BELLXS, de talle 42/3 y algún vestido negro elegante manga larga o tres cuartos”, pidió el cantante Luis De Gyldenfeldt en su muro de Facebook días atrás. Algunos ofrecieron sus prendas, otros reaccionaron sorprendidos. “¿En qué andarás vos?”, se preguntó una de sus amigas. No lo aclararon en las redes. Algunos saben de qué se trata porque ya los han visto -y escuchado-, otros se enterarán por medio de esta nota. Él junto a su gemelo y colega, Fernando, están con los preparativos para la segunda edición del ciclo lírico denominado Ópera Queer que tendrá lugar el lunes 20 de noviembre, dos días después de la 26° Marcha del Orgullo LGBTIQ Argentina.

Los hermanos Gyldenfeldt son barítonos según las leyes del canto lírico y como tales son conocidos en el ambiente profesional, pero desde hace rato vienen experimentando -tanto en lo vocal como en lo teatral- dentro de un rango más amplio y diverso. Hace poco decidieron compartir esa faceta con el público, primero en Casa Brandon como invitados, y ahora en este proyecto que ellos mismos organizaron que presentarán en el primer piso de Machado Teatro (Machado 615, CABA). Fernando Britos los acompaña en el piano y en el juego.

¿Cómo resultó la primera edición de este ciclo, en julio de este año?

Luis de Gyldenfeldt: Estuvo cargada de una magia muy particular. Estábamos muy emocionados de hacerla, pero al principio estábamos un poco como pidiendo permiso en algunos aspectos. Lo más hermoso de la velada es que fue in crescendo. Empezamos con unas obras de cámara y parecía casi un concierto estándar, estereotipado, con la diferencia de que yo tenía puesto un vestido y cantaba como soprano. Después, en el desarrollo, aparecieron la ópera, el teatro, los personajes. El público lo tomó muy bien. Cuando uno hace las cosas en serio, el público se lo toma en serio. Si lo que hacés es desde un compromiso con el arte y con una sinceridad interna, la gente valora lo que sea que hagas porque el arte no tiene límites. Haberlo transitado fue muy lindo.

¿El público era gente del ambiente lírico?

L.D.G.: Se convocó a las personas que estaban en el bar, fue una grata sorpresa que se sumaran. Y también cayeron amigos y amigas cantantes, y se armó una cierta familia.

¿Cómo nace la propuesta de hacer un ciclo lírico en este contexto?

L.D.G.: Tuvimos una instancia de experimentación previa en Casa Brandon dentro del marco de un ciclo de clown que se llama Pinta Brandon, donde se hace clown con música. Mi amiga Amarella, a quien conocí haciendo El Barbero de Sevilla en el Konex, me propuso hacer algo lírico ahí, y yo extendí la habitación a Fer. Ahí se nos configuró mágicamente un lugar para poder mostrar algo que toda la vida hicimos. Yo creo que eso es lo que llega, por eso gusta tanto y cae tan bien.

 

En la versión de Pinta Brandon, hacían un número en el que Amarella los invitaba a escena y les preguntaba qué querían hacer. Ellos tímidamente proponían ponerse a cantar. Ante la sorpresa de todos, momentos después, se transformaban en cantantes líricos entonando arias de ópera.

– Podemos hacer el duo de Il Trovatore (Verdi), de Enrico y Leonora? – preguntaba Luis.
– Sí pero, ¿quién hace de Leonora? – respondía su hermano.

Entonces Luis salía del escenario, se ponía un vestido, volvía a entrar engalanado y entonaban el famoso dúo. El entusiasmo fervoroso con que respondía el público los animó a pensar en algo más.


¿Cómo expresaban esta faceta de ustedes antes? ¿Lo hacían en formato tertulia?

L.D.G.: ¡Ni siquiera! Lo hacíamos en nuestra casa, caminando por la calle. ‘Che, cantemos el duo de Lucía (Di Lammermoor) los dos falseteando”, nos decíamos con Fer. Y jugábamos. Creo que hay algo de eso del juego que hacemos ahora en escena. El otro día Fer me decía sobre eso: “Sí, pero en un juego uno sabe a lo que está jugando. Está bueno tener conciencia de lo que uno está haciendo”. Por eso es un juego conciente, provocador, liberador. No es jugar a cambiar un poquito una puesta de ópera convencional. Es un juego que tiene una propuesta de cambio también.

Fernando de Gyldenfeldt: Citando a un filósofo y pensador de arte inglés, el arte es un rito, un lugar sagrado que tenemos como humanidad. El arte es juego. El arte es genuino, provoca concientización. Una maestra de teatro, que nos animó a jugar y mostrar lo que hacemos, decía que el arte es un humano viendo jugar a otro humano que a su vez está representando cosas humanas, con la incomodidad que genera eso. Uno va creciendo y va perdiendo cierta soltura de la infancia y adolescencia. Ya no estamos en casa para de repente escuchar a la Lucía de Maria Callas y que Lucho se ponga a bajar las escaleras disfrazado y pasemos media hora cantando el finale primo de la ópera. Otro día hacíamos Tosca, otro Turandot.

 

Los hermanos se transportan a esos recuerdos y estallan en una risa contagiosa. “Hacer esto nos ayuda a vivenciar la ópera, nos retrotrae a lo lúdico. Yo a los 19 años estaba como loco pensando que era un tenor, hicimos una grabación y todo de mí cantando once arias para tenor, incluyendo Che gelida mannina”, recuerda Fernando. “Tengo que hacer mucho hincapié en que todo esto que estamos haciendo se construye a partir de nuestra buena relación. Eso es el motor que permite que salga de esta forma, nuestra capacidad de juego”, añade su hermano.

Luis y Fernando crecieron en un ambiente musical y el arte fue incentivado constantemente por sus padres, ambos docentes de filosofía. Su tía, la soprano Graciela De Gyndelfeldt, también fue parte de su inspiración, aunque vivía en Europa haciendo su carrera de cantante cuando ellos eran pequeños. “Gracias a ella supimos que ser artista era un orgullo”, afirma Fernando.

Otra de las principales influencias para armar este espectáculo fue una artista que conocieron casi diez años atrás gracias a YouTube: Madame Vera Galupe-Borszkh, una cantante transformista que en las décadas del ochenta y del noventa –momentos hostiles para la diversidad sexual-, presentaba espectáculos operísticos en resto-bares en los que se lucía como sopranista. Su nombre de nacimiento es Ira Siff y fundó su propia compañía en Nueva York, La Gran Scena, con la que presentaban escenas de las obras más conocidas en formato parodia.

F.D.G.: La primera Tosca que escuchamos de ella fue una cosa apoteótica. Por años fue nuestra Tosca.

L.D.G.:  Yo creo que ahí, cuando descubrimos a Vera Galupe, algo se armó. Es como una drag queen de la ópera, el ejemplo número uno. Yo siempre experimenté más con el falsete y voz de sopranista, pero Fer también descubrió que tiene una hermosa voz de mezzo en su haber, que se vendrá en futuros duos. A veces la gente piensa: ‘Si canta así es porque quiere ser mujer, no se identifica como hombre’, y nada que ver, esto para nosotros es un lugar de experimentación y juego y lo hacemos con mucho compromiso. Vera tiene un gran trabajo de deconstrucción.

F.D.G.: Y humor. En nuestro espectáculo va a haber una parte de lucimiento pero también de humor. Yo el lunes voy a presentar mi repertorio como barítono que estoy trabajando con mi maestro, Luis Gaeta y Lucho… va a presentar el trabajo que estuvo haciendo consigo misma.

¿Encontraron también un maestro guía que los acompañe para trabajar las notas que están, por decirlo de alguna manera, prohibidas para los barítonos?

L.D.G.: Ahí debo confesar que tuve que hacer una búsqueda por mi cuenta. El falsete es algo que fue puesto muy en tela de juicio por muchos maestros de canto como si fuera un enemigo de la voz masculina, como si no pudieran convivir, y es una ridiculez. A mí nunca me cambió mi proceso técnico haber cantado en falsete.

F.D.G.: En el tema de los profesores suele haber una castración importante.

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Si bien Luis y Fernando son hermanos gemelos y cantantes –“gemelos no idénticos según el doctor”, aclara Luis-, sus carreras son distintas. Luis se está por recibir el mes que viene en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) de Licenciado en Canto Lírico, y Fernando comenzó esos estudios allí pero en la actualidad hace materias de dirección orquestal en la misma institución, además de haber pasado por la carrera de Biología en la Universidad de Buenos Aires. Asimismo, incursiona en el canto popular.

“Ya no sigo la carrera de canto en la UNA porque me costó asimilarla, me siento mejor trabajando con Luis como profesor particular y con repertoristas”, explica Fernando. “Hace un tiempo decidí también que lo mío era lo popular, y así romper con cualquier imposición de que la música tiene límites: ¡La música no tiene límites, señoras y señores!. Puedo dirigir, puedo cantar, puedo subirme al estadio Obras y hacerle frente al coro de una banda de rock, puedo hacer música Yupanqui. Puedo hacer folklore y canto lírico y siento que cada vez canto mejor, tanto una zamba como un aria. El crecimiento espiritual y psicológico de uno se ve reflejado en el canto, y gran parte del crecimiento psicológico tiene que ver con lo sexual”.

Lo que proponen con Ópera Queer en es contrastante respecto de lo que se propone en su ambiente laboral, como en el caso de las galas líricas.

L.D.G.: Totalmente. Hoy en día se están abriendo oportunidades a un montón de cosas pero la mayoría tiene una pata en buscar hacer un producto que encaje y esto no busca ser eso, no estamos buscando absolutamente nada más que pasarla bien, jugar. No buscamos que venga un crítico o que la presentación del concierto la haga alguien del ambiente lírico. Buscamos acceder a cualquier persona, ser humanx, que vea a esta flaca-chabón soprano-barítono cantando eso. Queremos llegar desde otro lugar. No pretendo ser un reformador de la ópera. Estoy preparando Cleopatra para presentar el lunes en el ciclo, pero no por eso pretendo que todas las Cleopatras sean pibes con barba y tacos. Yo hago esto desde el respeto y admiración, a partir de mi primera inspiración que fue María Callas. Si lo puedo hacer, y me sale lindo, ¿por qué no puedo transitarlo, experimentarlo?.

¿Cómo surge el nombre Ópera Queer?

L.D.G.: ‘Queer’ es una palabra inglesa que abarca esta diversidad desde la auto-percepción, desde el auto sentir-pensarse cada uno. Es difícil con una sola palabra abarcar todo lo que es la diversidad pero nos resultaba atractivo ese término.

F.D.G.: Somos activistas, pertenecientes a una comunidad que tiene una bandera. Primero nos llamamos ‘Liriquxs bizarrxs’, después ‘Líriquxs con desvelo’. Nos decidimos finalmente por Ópera Queer. Sí, Lucho canta como sopranista, travestida. Construimos desde donde cantamos. En el Festival de las Artes por la Diversidad en El Bolsón al que fui este año se hablaba de ser travesti en la vida, como una acción, como un hecho, como una actitud de vida de transgedir aquello está pautado como normal. Un concierto lirico no tiene que ser necesariamente con traje y corbata, puede ser con una remera de colores, de cualquier textura, incluso puede ser de bambula, puede ser una remera de mujer.  Con esto tiene que ver este concierto del lunes que viene. No solo estamos pensando en cantar como sopranista o barítono, sino también encaramos el repertorio y la forma de relacionarnos con el público de una forma distinta. Nos importa la calidad artística y esperamos estar a la altura del repertorio que elegimos que es muy exigente pero a la vez queremos que las personas se deleiten más allá de lo vocal.

L.D.G.: Es difícil deconstruir algo tan fuerte como es el hombre vestido de esmoquin y la mujer de vestido en una gala, pero ambas cosas pueden convivir. A veces, por más que la mente de algunas personas sea muy abierta, esto les parece una payasada y no en el buen sentido. Yo no quiero que todos los roles de soprano los cante un chabón con barba. Pero es bueno que esto tenga un lugar, un espacio donde se pueda mostrar. Es dar visibilidad a algo diferente. El que cree que lo que hacemos es una payasada, es porque no nos vino a ver.

¿Su expresión se completa con este ciclo?

L.D.G.: Absolutamente. Me abre un universo nuevo para transitar como artista. Tuve la oportunidad de hacer muchas cosas entre roles y conciertos. Estoy conforme porque siempre siento que di lo mejor de mí pero hay mucho todavía para crecer, internamente lo siento así, y esa posibilidad de hacer algo diferente expande mas la búsqueda y todo lo que me falta. Me pone en el desafio no tanto del cantante sino más del artista, del actor/actriz que tengo.

F.D.G.: Nuestro concierto coincide también con que ocurre cuatro días antes de nuestro cumpleaños número 28. Nos encuentra volviendo a rescatar aquellas cosas que nos gustaban. Volvemos a incorporarlas a nuestra vida, no las dejamos de lado. Este concierto tiene que ver con este momento en nuestras vidas, con curar heridas ancestrales, familiares. No es fácil maquillarse y ponerse un vestido en un mundo que te hace ser de una cierta manera. Cantar de soprano puede ser incómodo también cuando ya tenés un cierto nombre, alumnos incluso. Pero el arte es un lugar de incomodidad. Hacer política desde el arte puede llegar a generar cierta mala opinión pero a mí eso nunca me importó. Lo importante es ser cuidadosos y respetuosos con nosotros mismos. Sabemos que lo que estamos haciendo es serio, porque jugar es algo serio.

L.D.G.: Este evento va más allá de ponerme vestido y cantar como sopranista. Busco conectarme con mis sentimientos y emociones más profundas. Hacer Papageno en La Flauta Mágica (Mozart), si bien me he esforzado para hacerlo cada vez mejor, no es algo que me resultara difícil. En cambio, ponerme unos tacos y hacer de Lady Macbeth me pone muy nervioso. Una querida profesora de actuación diría que ese nerviosismo que aparece es síntoma de que uno está vivo y que está bueno lo que está pasando. Porque si estás ahí parado haciendo algo que ya sabés hacer, podés hacer una gran carrera y ganar millones, pero hay algo desde lo emocional que no tiene la misma fuerza.

¿Qué representa para ustedes Ópera Queer?

F.D.G:  No es ni ahí un salir del closet para mí, ni siquiera a nivel artístico. Es una propuesta donde decimos: “Miren cómo podemos jugar. Miren cómo la ópera, lo lírico, puede deconstruirse también”. No hace falta ser heterosexual ni macho para cantar una chacarera o una zamba y no hay que ser heterosexual ni macho para cantar un aria.

L.D.G.: Y no hay que haber nacido mujer para cantar Cleopatra.

F.D.G.: Estamos acercando esto a un circuito que tiene que ver con esta deconstrucción. Ofreciéndolo a cualquier persona que se pueda sentir identificada con eso y dándoles también la posibilidad de escuchar a voces líricas cantando repertorio lírico, aunque no sea el repertorio que cantarían normalmente esas voces por haber nacido con laringe masculina. Este mundo está regido por un binarismo estúpido en lo político, lo ideológico, lo sexual. Queremos que la gente nos escuche desde el amor.

L.D.G.: Probablemente esto nunca ocurra en una casa de ópera pero eso no nos importa. Yo cancelé todos mis compromisos este año porque en un mes me recibo y necesito concentrarme en mi tesina de graduación pero lo único que no cancelé fue este concierto. Estando tan cerca de la Marcha del Orgullo, lo siento como nuestro granito de arena, pequeñísimo, para aportar a la música en unión con la diversidad.

Ópera Queer Vol. 3 organizado por Luis y Fernando de Gyldenfeldt con Fernando Britos al piano se presenta el miércoles 27 de diciembre a las 21 hs en la vaca – MU (Riobamba 143, CABA)

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