Una soprano que nada en aguas profundas

Entrevista a Daniela Tabernig. Su visión sobre el quehacer del cantante lírico, el rol de la mujer en el mundo de la ópera, su próxima incursión en el circuito off.

Por Noelia Pirsic

Daniela Tabernig. 16 de junio de 2017

Daniela Tabernig (2018) | Foto: Noelia Pirsic

Daniela Tabernig vive con su gato, Pinky, a diez cuadras del Teatro Colón, uno de los escenarios que mejor conoce. Llegó hace un mes de Ciudad de México en donde interpretó en el Palacio de Bellas Artes uno de sus roles más conocidos: Rusalka, del compositor checo Antonín Dvořák. Para quienes no conocen, la ópera cuenta la historia de una ninfa acuática que se enamora de un príncipe, una trama parecida a la de La Sirenita pero con un final trágico.

Tabernig es santafesina, con raíces austríacas y checas. Quizás se deba a las canciones que le cantaba su abuela materna, hija de checoslovacos, el hecho de que siempre tuvo un gusto por la música de oriente. Uno de sus primeros protagónicos fue Tatiana de Eugene Onegin del compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski para Buenos Aires Lírica, en 2006. “Fue un poco una señal”, reconoce.

La ‘Canción a la luna’, aria más famosa de la obra de Dvořák, integra el repertorio de la soprano desde 2003. La primera vez que la entonó en público, estaba rindiendo su ingreso al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC). Aún hoy, si no forma parte del programa de algún concierto que la tenga como protagonista, el público la pide como un bis. Incluso la interpretó a cappella en un móvil televisivo varios años atrás.

Pudo cantarle el aria a su abuela más de una vez. Cuenta que por llevarla en su maleta desde hace tanto, la canción está cargada de todo lo que fue atravesando a lo largo de su vida.

Desde que volvió a Buenos Aires, Tabernig se dedica a descansar, ‘limpiarse’ –como ella dice- y preparar el trabajo que le espera en la segunda mitad del año, que incluye un rol principal en el circuito de la ópera independiente en una producción de Lírica Lado B.

A pesar de dedicarte de lleno a la lírica, hay un vínculo con lo popular en tu vida, como aquella vez que terminaste cantando con Los Palmeras.

Eso fue hace muchos años, en una fiesta para Canal 13 -la repetidora de Telefe en Santa Fe- que estaba cumpliendo 50 años. Yo había sido invitada para interpretar arias de ópera en esa celebración y el cierre eran Los Palmeras, así que terminé sobre el escenario cantando ‘Bombón asesino’ junto a ellos. Ellos lo subieron a su página web y lo titularon ‘El bombón lírico’. Adoro la cumbia y también me gusta bailarla. Obviamente, la mayor parte de mi trabajo está dentro del mundo de lo lírico pero todo el tiempo se está relacionando con lo popular. La forma de transitar lo clásico no tiene por qué ser de la forma tradicional todo el tiempo. Uno se puede expresar desde otros lugares. Y por eso está buenísima esta movida de hacer ópera en lugares no convencionales, de formas no convencionales.

Cuando te mudaste a Buenos Aires, ¿te la pasabas yendo a teatros líricos?

Tuve la suerte de que todavía el ISATC funcionara adentro del Teatro Colón cuando yo estudié ahí. En cualquier momento libre que teníamos, si había alguien ensayando, íbamos a escuchar. Rendías el examen de ingreso en la sala mayor. Desde el primer momento, ya tenés una idea de lo que es cantar en un lugar tan grande. Eso te prepara para hacerlo en cualquier parte del mundo. A veces pasa al revés, que viene alguien de otro país a cantar a la sala principal y se espanta. Es uno de los teatros que tiene mejor acústica a nivel mundial, pero bueno, hay que llenarlo.

¿Tuviste maestros de actuación?

No, eso se fue dando con la experiencia. Me gusta muchísimo trabajar con los régisseurs –los directores escénicos- al punto de que muchas veces terminamos siendo amigos, o queda una relación de intercambiar material. Y yo creo que ahí se aprende, en realidad. Esas cosas las aprendés haciendo.

Interpretando la ‘Canción a la luna’ (Teatro Colón, 2017)

El primer acercamiento al universo de la música clásica para la soprano fue a través de clases de ballet, que comenzó a tomar a los tres años y durante todo lo que duró el colegio primario. Recién en su adolescencia se enteró de que existía la ópera. Y no fue hasta sus veintidós que presenció el primer espectáculo de este tipo, sentada en uno de los pisos superiores del Teatro Colón junto con sus compañeros de coro de Santa Fe, en uno de esos sectores desde donde la visión al escenario es casi nula. Habían viajado todos juntos en una Traffic a Capital Federal para ver Los Cuentos de Hoffmann de Jacques Offenbach.

Tabernig siempre supo que quería cantar, pero no sabía qué. No tenía una formación musical así que, apenas terminó la secundaria, tomó clases particulares durante el verano para ingresar al profesorado en Paraná. Todavía recuerda el momento cuando su maestro de guitarra le enseñó a entonar la escala de Do Mayor desde cero, a sus diecisiete años.

Actualmente, ¿tenés tiempo de desarrollar otros intereses o tener vida social a la vez que te desempeñas profesionalmente?

Cuanto mejor te va, menos tiempo tenés, como todo. Por ejemplo, ahora tengo dos meses enteros de no tener que ensayar ninguna producción. Solo estoy preparando y estudiando todo lo que viene después, o algunos conciertos. Entonces tengo tiempo libre.

¿Qué llega primero, la propuesta de hacer un rol, o el deseo de hacerlo?

Depende. Pensé que el rol de Magdalena en Andrea Chénier (Nota de la R. Que interpretó por primera vez en diciembre de 2017 en el Teatro Colón) me iba a llegar mucho después porque lo tenía idealizado, como le pasa a mucha gente que piensa que es un rol para sopranos dramáticas y no líricas. Yo me considero, por el momento, una soprano lírica pura que se va pasando de a poco a una lírica spinto. Cuando me lo ofrecieron, me puse en contacto con el material y me dije: ¡Sí!.  Incluso para mí es mucho más accesible que una Butterfly. Fue para mí una sorpresa y un placer hacer eso. O como Butterfly mismo que siempre quise hacer, y cuando me lo ofrecieron, lloraba por teléfono. (Nota de la R. Debutó como Madame Butterfly en 2011 en el Teatro Argentino de La Plata)

¿Sos una persona que sigue rutinas? Por ejemplo, vocalizar por la mañana.

No tengo ninguna rutina porque todo va variando según el momento en el que esté. Si estoy ensayando, en producción, tengo una agenda diaria porque todo ya está organizado de antemano. La actividad principal es ensayar y muchas veces es solo eso porque no te deja tiempo para nada más. En esas épocas, trato de arreglármelas para aunque sea para salir a comer con mis compañeros de trabajo. Ahora que estoy descansando, duermo mucho, porque tengo períodos de seis meses donde no paro un segundo y llego realmente muy agotada.

Como Madame Butterfly (Teatro Argentino de La Plata, 2011)

Tabernig se pone a cocinar y eso le recuerda su infancia y adolescencia en la panadería de sus padres en Santa Fe, en la que se crió. Tanto su abuelo paterno como su papá trabajaban en ese rubro. Mientras preparaba su ingreso al ISATC, la cantante ayudaba a su familia atendiendo al público y hacía empanadas para costearse las clases en Buenos Aires, a la vez que daba clase en colegios.

En su casa escuchaban música pero no del género clásico. La madre de la soprano es artista plástica y escultora, una pasión que mantuvo en pausa hasta sus treinta y pico, cuando sus hijos crecieron y adquirieron más independencia. Su papá disfruta de la fotografía. La de las canciones era su abuela materna, con quien compartió mucho tiempo de su vida.

El Huffington Post publicó una nota que se titula “10 cosas sobre ser cantante de ópera que no te enseñan en la escuela”. La primera es ‘Elegiste una vida muy solitaria’. Vos te mudaste a Buenos Aires, te fuiste a estudiar a Grecia más de un año. Si querés cantar afuera, tenés que irte con lo puesto, porque no podés llevarte a tus seres queridos. ¿Cómo lidias con eso?

Hago psicoanálisis dos veces por semana desde hace ya seis años (se ríe). Para mí eso es fundamental. Es verdad que es una carrera muy solitaria y sobre todo para las mujeres. Y en eso voy a ser muy enfática porque es enorme la diferencia. Si quiero ser madre y hacer una carrera internacional, tengo que tener muchas cosas resueltas. Yo creo que es un avance que ahora la paternidad se vea desde otro lado y los hombres estén mucho más comprometidos, participen mucho más pero, así y todo, si un hombre tiene un hijo puede seguir trabajando perfectamente y puede viajar. La mujer queda en la casa.

En el último tiempo comenzaste a promocionarte más en internet, a través de tu página web y las redes sociales. No muchos se ocupan. ¿Cómo te llevás con eso?

Es parte de mi trabajo promocionarme. Creo que cada uno tiene que exponerse en la medida que lo haga sentir cómodo y que no se le vuelva en contra. Yo estoy aprendiendo a manejar las redes y me divierto. Es un espacio que está buenísimo pero no hay que pedirle más de lo que es. Hay temas polémicos que generan mucho debate. Una publica cosas con las cuales está de acuerdo o en desacuerdo y de repente se arman chorros de comentarios y discusiones. Estuve pensando mucho en esto. Una cosa es expresarse y manifestarse, y otra es ese debate que no se puede dar en una red social porque ese no es el espacio para eso.

Hubo gente un tanto decepcionada cuando en tu cuenta personal te pronunciaste a favor de la ley de despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

A mí me costaba expresarme en ese sentido porque todavía no tenía bien en claro el tema, si bien sí sabía la postura que quería tomar. No tenía mucha información. Cuando me empecé a interiorizar, decidí hacer pública mi posición, sabiendo lo que podía llegar a pasar. Tenía que estar lista para que eso no fuera un problema para mí. Me dije: ‘Lo hago y me la banco’, porque yo sabía que es un tema que divide a la sociedad, sobre todo en nuestro ambiente, el de la ópera y de la música clásica. Cada vez que pongo algo en las redes, lo pienso un poco. Hay temas que no merecen la pena. Pero si realmente quiero que cambie algo tan importante como eso, me la tengo que jugar.

En ensayo de Andrea Chénier (Teatro Colón, 2017) 

Tabernig comenzó sus estudios formales de música en la Escuela Constancio Carminio de Paraná, a sus dieciocho años. Viajaba todos los días para poder tomar las clases y las complementaba con videos o grabaciones que conseguía en su ciudad natal. Todavía no existían YouTube ni internet.

Durante todo su primer año en el profesorado, tuvo que dedicarse a llenar los huecos que tenía en comparación con sus compañeros que habían recibido una formación musical toda su vida. Y en tanto fue investigando, se encontró con la carrera de Canto Lírico. “Me fue atrayendo este mundo tan complejo”, declara. Sus maestros, Ana Sirulnik, Marcela Esoin y Guillermo Optiz, la prepararon durante dos años para rendir el ingreso en el ISATC. “Si lo hacés en un año, probablemente entres, pero si laburamos un año más, además vas a tener la base suficiente como para pasarla bien y poder aprovechar todo eso, en lugar de estar a los manotazos”, le recomendó una de sus profesoras. La soprano le hizo caso. No solo aprobó el examen, sino que todos los maestros la eligieron y le otorgaron una beca para facilitar sus estudios.

A veces pareciera que el único camino posible para el cantante lírico es irse afuera a armar una carrera internacional. En otro momento de tu vida, decías que te interesaba pero también te seducía la idea de ser una cantante latinoamericana, a nivel regional.

Durante todo lo que fueron mis comienzos hasta hace un par de años, siempre representó un conflicto el tema de irme afuera a trabajar. No me sentía del todo bien internamente. Cada vez que me iba a Europa a audicionar, o en concursos internacionales, la pasaba mal. Entonces me dije: ‘Vamos a arreglar lo que hay adentro, a ponerme de acuerdo, a ver cuál es mi verdadero deseo. Qué es lo que no funciona, que me hace sentir mal en determinadas situaciones, y después veo qué es lo que quiero’. Recién ahora puedo decir que me siento cómoda con la idea de vivir afuera. Fantaseo, veo, investigo, determino cuáles serían los lugares en los que yo sí viviría un tiempo. No digo para siempre, en principio un tiempo.

¿Qué cambió?

Me encuentro en un momento, creo que mi mejor momento, en donde se derribaron interiormente muchas estructuras que me habían sido impuestas desde afuera a lo largo de mi vida. Internamente, tengo una revolución, un despertar. Algo de lo que más me gusta de esto –y que ya no me genera ansiedad, sino expectativa-, es que no sé por dónde va a ir la cosa. Sí sé que necesito seguir viajando, audicionando, seguir preparándome. Seguir en movimiento.

¿Seguís alguna doctrina espiritual?

Soy agnóstica. Formo parte de una sociedad y me rijo dentro de determinadas normas pero no me gusta que me digan lo que tengo que pensar ni cómo tengo que pensar, ni lo que tengo que hacer.

El ámbito laboral en el que te movés es muy estructurado.

Sí. Nunca me costó adaptarme a la estructura de cumplir horarios, la cantidad de horas de ensayo, disfruto mucho de todo eso y siempre fui muy responsable en ese sentido. Pero sí me costó mucho adaptarme a la estructura de la ópera en sí, donde esto es así porque es así y porque se viene haciendo así hace no sé cuántos años. La tradición. Después la entendí, la acepté, y la tomé como propia. Y ahora siento que estoy en una transformación.

Algo que también divide aguas en el mundo de la ópera es el tema de la renovación de las puestas. ¿Cuál es tu postura sobre este tema?

Pienso que la obra de arte fue hecha por su creador y la hizo de una forma. En el caso de la ópera, creo que es mucho más creativo para un director de escena profundizar cada vez más en lo que está escrito. No hablo de negarle la posibilidad a ese texto de seguir evolucionando como tal aunque las notas ya estén puestas y el libreto ya esté hecho. Sino que se trata de respetar el concepto original. Muchas veces se da la situación de que el director de escena tiene ideas que ya a priori quiere reflejar en la obra. Ideas éticas, morales, ideológicas, de todo tipo. Y de repente, le toca dirigir ‘x’ ópera, y quiere transmitir en esa oportunidad esas ideas que ya tenía dando vueltas. Y la pieza en cuestión se ve forzada al límite de verse quebrada para mal. Si esa obra de arte se va a quebrar, se va a romper la estructura, para dar un paso más al frente para que siga evolucionando y ese concepto original crezca, bienvenido sea. Pero si se va a rotar la estructura para desvirtuar el concepto original y que termine en algo que no se termina de entender -porque muchas veces pasa que el mensaje no se entiende-, entonces, no.

¿Con la ópera contemporánea cómo te llevás?

Este año me toca el enorme desafío de interpretar a la Dirty Duchess en Powder her face de Thomas Adès, que va a dirigir el maestro Marcelo Ayub y Marcelo Lombardero (Nota de la R. A estrenarse en diciembre en el marco de la Ópera de Cámara del Teatro Colón, en el Centro Cultural 25 de Mayo). Estoy muy entusiasmada porque es un tipo de rol que no estoy muy acostumbrada a hacer. Las características del personaje que voy a interpretar no son las que suelo representar. Generalmente son de carácter romántico, más inocente. Me divierte mucho representar a esta duquesa ninfómana. Esta obra es muy difícil de cantar pero está muy buena y está muy bien escrita. Porque a veces hay óperas contemporáneas que realmente son muy, muy incómodas para los cantantes. Powder her face es compleja pero está escrita de otra forma. Y ya la estoy preparando, claro.

Como Beatrix Cenci en Beatrix Cenci (Teatro Colón, 2016)

Como Rusalka, Tabernig gusta de navegar en las profundidades, pero tiene los pies en la tierra. Ella misma se ocupa de su carrera, de sus finanzas y de su hogar, sin descuidar su vida emocional. Los años de análisis han dejado una huella en esta mujer reflexiva y conciente de su mundo interior. “Lo físico influye en el resultado vocal y viceversa”, explica, y agrega que es muy difícil sostener una carrera de este tipo si se tiene problemas emocionales, ya que el cantante lírico está muy exigido. A la vez, afirma que jamás se debe descuidar la técnica.

Todos dicen que en Buenos Aires hay tantas voces tan buenas que resulta difícil elegir entre una u otra. En tu carrera, hasta el momento, qué pensás que influyó más: Trabajo, talento, suerte -justo estabas ahí y te vieron-, gente que te ayudó que conociste. ¿A qué creés que se debe más que hoy puedas estar viviendo de esto y ser feliz?

En primer lugar, a mi deseo. Muchas veces, cualquier persona en la vida se ve enfrentada a situaciones que atentan contra el propio deseo. En ocasiones, la gente no tiene tan claro lo que quiere y de repente le atribuye a eso el no éxito, el hecho de no poderse dedicar a eso. En primer lugar le debo mi carrera a mi deseo, que no claudicó y que se hizo cada vez más fuerte. Y a la dedicación. Nací con un instrumento que es de calidad desde el comienzo pero que es un instrumento que tengo que trabajar. Naturalmente  siempre estuvo la voz colocada, soy una persona afinada, y musicalmente no me cuesta expresar. Pero todo lo que hasta ahora he logrado es también a fuerza de sacrificio y de estudio.

Si bien no fue difícil para mí aprender, tampoco me sale todo de primera. Hoy en día sigo trabajando mucho sobre mi técnica, sigo descubriendo cosas que me siguen sorprendiendo y digo: ‘Ay, sí, ¡ahora sí me siento una cantante lírica!’ (se ríe). Me digo eso cada vez que descubro algo nuevo que me parece fundamental. A veces venís buscando algo desde hace años, y de repente te llevó quince años encontrarlo. Y siempre me digo: ‘No importa cuánto tiempo tardé, qué bueno que lo entendí, qué bueno que me di cuenta’. No importa cuánto tiempo se tarda, no hay tiempo para estas cosas.

¿Cuál es tu vara para juzgar tu desempeño en una función? ¿Tenés un criterio interno? ¿Leés las críticas de la semana?

Trato de ser lo más que puedo conciente de lo que pasa internamente en mi cuerpo. Cuando nosotros cantamos, una cosa es lo que escucha la gente, y otra cosa es lo que nuestros oídos escuchan. Hay una diferencia. Cuando mi maestra de canto, Alejandra Malvino, me dice: ‘Este es el sonido que está bien’, registro la sensación interna, física. Porque yo escucho otra cosa, que también registro. Cuando estoy en el escenario, muchas veces, aún con la adrenalina y la orquesta, siempre llevo registro de lo que está pasando en mi cuerpo, de cuándo está bien o está mal el sonido. Cuando termino la actuación, rebobino y pienso: ‘Ese agudo estuvo bien pero internamente sentí tal sensación entonces no debe haber estado lo suficientemente bien proyectado’. Generalmente, cuando pido la referencia del que me estuvo escuchando -que no se la pido a cualquiera-, coincide. Por ahí suena medio rebuscado, pero es como me entiendo.

Y vos tenés tus guías de confianza, amigos o maestros que te conocen y pueden dar cuenta.

Yo escucho lo que me dice la gente en general, estoy atenta, pero realmente considero la crítica de aquellos que pienso que pueden aportarme algo desde un punto de vista constructivo. Y, desde ya, priorizo la de mi maestra. No escucho a cualquiera porque además no a todo el mundo le podés gustar. Cada uno tiene sus opiniones y eso lo respeto.

Como Mimì en La bohème (Teatro Argentino de La Plata, 2011)

Recientemente, la soprano se sumó a una producción de ópera de una mítica compañía lírica del off, Lírica Lado B, para protagonizar Suor Angelica en un templo desconocido del Museo Santa Felicitas que se llevará a cabo en septiembre de este año. La propuesta representa una novedad, no solo porque se desarrolla en un espacio diferente de los teatros convencionales que la cantante transita regularmente sino también por la forma de trabajo que implica participar en el circuito de la ópera independiente.

¿Cómo te sentís participando en una producción de este tipo?

Es la primera vez que me toca hacer en el off una ópera completa, con orquesta y con dirección de escena, vestuario, todo. Me encanta este proyecto y la gente que lo integra me da muchísima confianza. Además de talentosos, son muy profesionales. Se nota desde el comienzo el nivel de compromiso y de amor con lo que se está haciendo. Va a ser algo muy cuidado. No tenemos la estructura de un gran teatro, pero eso es algo que se pone en valor también en esta producción. Los que formamos parte vamos a poner todo de nosotros para que salga bien. La propuesta es muy interesante porque no se busca impresionar, sino emocionar y que la gente pueda vivir una experiencia desde todos sus sentidos. Es un proyecto que para ser del off es ambicioso pero a la vez es humilde porque vamos a representar una sola ópera corta.

Imagino que siendo un proyecto del off vas a estar muy cerca del público durante la función y vas a tener que trabajar tu voz de una forma diferente.

Lo que me tiene fascinada es justamente eso, el contacto directo con el público que vamos a tener. La idea es que el público experimente de primera mano lo que es estar adentro de un convento, desde lo visual, lo olfativo, todo. Vamos profundizando en la esencia de la obra para que vaya creciendo y evolucionando, de la mano de Ximena Belgrano Rawson, la directora escénica. Eso es emocionante y está bueno. Ojalá que este proyecto de Lírica Lado B, donde ahora tomó la posta Ezequiel Fautario, siga creciendo.

Es difícil en Argentina ser un cantante lírico.

Sí, es difícil en Latinoamérica. Tenemos el caso de Chile que leía hoy y pensé: ´Wow´ (Nota de la R: Se refiere a ‘La ópera, el gran marginado de las artes escénicas en Chile’). La meca de la música clásica está en Europa, en lugares como Berlín donde se llenan las plazas enteras de gente a escuchar. Acá esas cosas, si pasan, suceden una vez cada diez años.

Siempre que tengo la oportunidad de cantar en algún lugar de Latinoamérica, me encanta hablar con la gente, colegas, músicos de la orquesta, cantantes, directores. ¿Cuál es el rol del músico dentro del género clásico en un lugar como Latinoamérica en donde esta música no es lo popular? Y veo que es muy, muy difícil. Pero para mí es muy interesante porque nosotros tenemos una mezcla de culturas. Eso hace que el abanico de posibilidades a nivel colectivo que tenemos, sin desmerecer al europeo, sea muy amplio. Por otro lado, acá chocamos todo el tiempo con un sistema que no funciona. Sea cual sea el partido político de turno que se encuentre en cualquier país de Latinoamérica, se trata de un sistema que no acompaña en este caso a esta profesión. Siento que va a llevar mucho tiempo pero hay que confiar en que se puede instalar el arte clásico como parte de nuestra cultura.

Cuando informaste a tu familia la decisión de ser cantante de ópera, ¿cómo reaccionaron?

Yo creo que al día de hoy tratan de seguir entendiendo de qué se trata. Pero siento que debo agradecerles. No se opusieron a mi deseo ni hicieron cuestionamientos fuertes. A mucha gente, no solo a los padres, le cuesta entender nuestro modo de vida. Que las rutinas son distintas. Que nuestro día libre en general es el lunes. Que tenemos períodos de inactividad en los que nos quedamos mirando al techo porque lo necesitamos para limpiar, y lo podemos hacer.

Daniela Tabernig. 16 de junio de 2017

Daniela Tabernig (2018) | Foto: Noelia Pirsic

  1. Ricardo Mandel junio 21, 2018 en 3:17 pm

    Excelente entrevista a una Diosa de la escena local!

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  2. Muy linda entrevista chicos!!!!! Que bueno que existan estos medios para informarnos del arte

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  3. Preciosa entrevista. Soy cantante y me sentí muy identificada con lo que Daniela expone. Es un camino muy arduo pero cuando amás lo que haces todo se transforma y te transforma. Ojalá pudiéramos unirnos y generar una cofradía entre cantantes líricas. Un abrazo y que sigan los éxitos! Karina.

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