La ópera hoy no sirve para nada

La crisis de la ópera.

En abril se llevó a cabo el primer World Opera Forum en el que, según afirma su sitio web oficial, destacados profesionales de los cinco continentes se dieron cita en Madrid para -nada más y nada menos que- trazar el devenir de la ópera en el siglo XXI. Es llamativo que los representantes globales del género para esta ocasión equivalieran en su mayoría a quienes gestionan los principales teatros líricos en el mundo, como si la actividad de este arte escénico y musical ocurriera únicamente en torno a los escenarios tradicionales. Era esperable que esto se diera así, ya que las producciones que se realizan en la periferia de los grandes centros -edificios- de la ópera casi siempre transcurren en lugares que parecen ser invisibles para los habitués: Fábricas, galpones, salas de teatro independiente, la calle y otros espacios que no jerarquizan entre el público abonado al Teatro Colón o el del Teatro Avenida.

Hacedores de ópera en Buenos Aires -y alrededor del globo- se preguntan en este foro mundial y por fuera de él, en lo cotidiano, cómo hacer para que este género continúe vigente, para que los teatros líricos se llenen, para que el público se renueve,  para que las obras reflejen nuestros tiempos. Habría que agregar un planteo compartido por todos, sean del on, o del off-Colón: ¿Qué es hacer ópera hoy? Y que está vinculado directamente a la pregunta de por qué las salas de Avenida Corrientes y también las independientes se llenan, por qué los cines se llenan, pero los teatros líricos no solo no convocan por igual sino que lentamente sus butacas están quedando vacías.

No se trata de un problema con respuesta inmediata. Algunos, con algo de cinismo, dicen que el público de la ópera se está muriendo. Otros, apuntan a los criterios de programación en la cartelera oficial. No obstante, hay ítems para añadir al estudio de situación –por lo menos local–  que podrían tenerse en cuenta en el análisis, que aparentemente quedaron afuera de las reflexiones que se suscitaron en el I World Opera Forum.

– Existen por lo menos quince compañías o agrupaciones de profesionales en el circuito off-Colón que producen decenas de óperas por año solamente en la ciudad de Buenos Aires. Algunas de ellas hacen re-lecturas de obras de repertorio o ponen en escena trabajos de compositores latinomericanos vivos, reflejando problemáticas actuales ligadas a política, género y diversidad sexual.

– La mayoría de las compañías citadas se financia en el mejor de los casos parcialmente con subsidios, por canje o forjando alianzas bajo el modelo de la auto-gestión. Casi siempre terminan recurriendo a sus ahorros personales para poder llevar a cabo sus proyectos.

– Solamente en Capital Federal hay una enorme cantidad de artistas -cantantes, instrumentistas, directores escénicos y musicales, compositores-, que sobrepasa las plazas disponibles para entrenar y/o ejecutar sus saberes en el Teatro Colón y las compañías privadas, más aún ahora que Buenos Aires Lírica dejó de producir. A esto se le suman caracterizadores, técnicos de iluminación, vestuaristas, asistentes, y más profesionales interesados en trabajar en ópera.

– La mayoría de las compañías e individuos creadores en este circuito son personas jóvenes, que algunas veces hacen maravillas con presupuestos muy reducidos y casi inexistentes en comparación a los millones que se destinan a cada producción de los teatros líricos que podríamos llamar oficiales.

– En casi todos los casos, las obras que emergen de este circuito off no están diseñadas para ser representadas en un teatro lírico. Cuando los creadores no realizan obras nuevas -estas últimas casi siempre incluyen sonido amplificado-, proponen adaptaciones de óperas de repertorio y modifican con creatividad las partituras y los libretos, algo que es considerado casi una herejía entre el público habitué del on.

Siempre existiremos los que disfrutamos ver cada tanto una puesta tradicional de La Bohème. Porque por el momento a los únicos que les interesa la ópera es a los que ya estamos interesados en ella. A varios les gusta por herencia familiar. A otros, porque un día nos dio curiosidad presenciar una y en eso hay que darle un punto al archi-conocido texto de la película Mujer Bonita: La reacción de la gente la primera vez que ve una ópera es espectacular: O les encanta, o les horroriza. Por ahora no se dio a conocer ningún estudio sociológico que pueda explicar por qué esto es así.

Pero, más allá de las subjetividades personales que hacen que algunos elijan ver las mismas obras de repertorio una y otra vez, ¿por qué pensar formas de mantener viva a la ópera siempre desde el mismo lugar, desde la forma como es tradicionalmente representada en nuestra ciudad, en la sala principal del Teatro Colón?. ¿Por qué no mirar también hacia la periferia, a lo que me animo a llamar la vanguardia de la ópera, en donde en medio de la experimentación, del ensayo y el error –porque en el off el error es válido como hecho artístico-, nos encontramos con obras verdaderamente movilizadoras, que muy rara vez encuentran un espacio en la prensa?

Mientras escribo este texto, me encuentro frente a un grupo de directores y artistas comprometidos ensayando una ópera cuyo guión y partitura fue escrito por profesionales locales en el marco de una residencia promovida y gestionada por una sala de teatro independiente. También doy fe de que en este mismo momento hay unos jóvenes igual de talentosos planificando cómo y dónde llevar a cabo sus representaciones de 2018: Adaptaciones de obras clásicas que siempre resultan en experiencias transformadoras para su público. ¿Por qué no buscar ahí el futuro de la ópera? Por qué no buscar la vida ahí donde este arte está vivo, y desde ese lugar apuntalarlo, proyectarlo, y quién dice eso redunde en que esos mismos espectadores despiertos visiten por primera vez el Teatro Colón para conocer dónde empezó todo, 110 años atrás (en realidad más). Mientras no pongamos el ojo ahí también, la ópera hoy no sirve para nada.

 

Por: Noelia Pirsic

  1. LA MÚSICA CLÁSICA ES DE MI AGRADO Y TENEMOS MUCHA JUVENTUD PREPARÁNDOSE PARA MANTENERLA VIVA.

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  2. Me cuento entre los que rechazan las pretendidas “adaptaciones”… de óperas de repertorio y las modificaciones “creativas”… de partituras y de libretos, pero no porque considere que eso sean “herejías”… sino porque son violaciones de los originales que tienen AUTORES que deben ser respetados y no plagiados. Los nuevos “creadores”, si de verdad lo son, ¡que hagan sus propias obras, sin robar, deformar ni adulterar las obras ajenas! ¿O no les alcanza el talento… para CREAR?? Y esta postura es aplicable a toda creación, no sólo al género artístico ópera. Señores, ¡respetar lo ajeno y no violarlo! Creo que se puede afirmar que “la ópera hoy no sirve para nada”, como escribe quien firma este artículo, sólo si no se tiene la capacidad necesaria para advertir y comprender la u n i v e r s a l i d a d y la a t e m p o r a l i d a d del contenido de las óperas de repertorio, por supuesto, si se logra penetrar, interpretar y entender el mensaje humano detrás de las máscaras de época, que tiene total vigencia en todo tiempo, en todo lugar y en toda cultura. Olivia Balestra.

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