Lo mío con la ópera

A modo de presentación, por Lu Stille.

Por Lu Stille

Al pensar en ópera, en el imaginario popular se presenta como esa grandilocuente puesta en escena con voluminosa orquesta en enormes escenarios barrocos. Pero también comprende una amplia y variada escena independiente. Y es en esa extensión y complejidad por lo que me interesa pensarla desde la perspectiva de la producción, que marca mi recorrido profesional.

Soy gestora cultural y me dedico a la producción en ópera y en teatro. Mi formación y actividad profesional se divide entre Argentina y Europa, principalmente Alemania. Mi quehacer teatral en mi país natal está atravesado por mis estudios académicos y una amplia actividad en distintos roles dentro del circuito independiente, especialmente en la dirección escénica. Como dice Jorge Dubatti, soy una teatrista: está marcado en mi piel. Con este bagaje de experiencias, saberes, dudas, pero sobre todo ganas de experimentar, me fui a Europa sin esperar nada, pero ansiosa de todo. Y es en ese buscar y probar que me encontré con la ópera en Alemania y me enamoré de ella. Ese amor encontró un hogar en la producción y la gestión o como se denomina en inglés y alemán, el management de la ópera. Estudié y vivo de eso. 

Trabajo con artistas increíbles. En la planificación, obtención, gestión y administración de la totalidad de los recursos necesarios para llevar a cabo cada producción encuentro un medio para democratizar el acceso a la lírica. Democratizar para que un mayor número de personas puedan acceder como espectadores a representaciones, conciertos, actividades pedagógicas, pero también a nivel profesional dar la oportunidad de acceder a los espacios de formación e intercambio profesionales. 

Mi recorrido me lleva a preguntarme qué pasa con la ópera en Argentina, por donde pasan las búsquedas artísticas desde el nivel de la producción.

¿De qué sirve que un compositor, formado a través del sistema de educación público argentino, estrene sus obras en Europa, y recién cuando sea reconocido al otro lado del Atlántico, sea invitado a estrenar en Argentina?

Nuevos caminos estéticos 

Las artes son vivas. Existe un repertorio que hemos heredado producto de años de tradición: obras consagradas que engloban lo mejor del género, es decir, los clásicos. 

Los espacios oficiales: Teatro Colón, Teatro del Libertador, Teatro del Círculo, entre otros, llevan adelante una programación de repertorio marcadamente europeo, sobre todo italiano, que es relevante ya que nos trae nuevamente esas historias universales: siempre me vuelvo a emocionar con ese silencio de Mimì antes de morir en La Bohème; espero con ansias la entrada de Fígaro con su primera aria, que es como el Mick Jagger de la ópera. Amo los clásicos, y estos deben seguir siendo parte de la cartelera de los teatros líricos. 

Pero también creo que el Estado, a través de los establecimientos oficiales -que son financiados con dinero público-, tiene la obligación de poner la ópera al servicio de la ciudadanía, de garantizar el acceso a ella a través de la financiación de este complejo mecanismo escénico, que difícilmente pueden ser sostenido de manera independiente o privada. El Estado también tiene la responsabilidad desde la política cultural de acompañar a los creadores en esta búsqueda de nuevos caminos estéticos. ¿De qué sirve que un compositor, formado a través del sistema de educación público argentino, estrene sus obras en Europa, y recién cuando sea reconocido al otro lado del Atlántico, sea invitado a estrenar en Argentina? Lo mismo aplica para directores, cantantes, productores, escenógrafos, vestuaristas, músicos, técnicos. 

Estos artistas no necesariamente quieren reproducir el repertorio europeo: se preguntan, se cuestionan, buscan nuevos caminos. Los compositores actuales componen piezas que son realizadas por directores de escena y de orquesta que plantean rupturas con los cánones establecidos. En Argentina se están produciendo constantemente nuevas obras que amplían los caminos estéticos. Hay individuos y equipos creativos que se la juegan, que con melodías atonales tocan el corazón del espectador, lo emocionan: ponen a la naturaleza humana en el centro del escenario con este complejo dispositivo escénico que es la ópera. 

Debido a su carácter escénico y musical la ópera corre el riesgo de quedar excluida del financiamiento estatal.

La necesidad de una política y gestión cultural que posibilite el acceso a los creadores a los medios necesarios para poder crear nuevas obras y experimentar con los lenguajes escénicos es urgente. Crear políticas públicas y espacios donde la prioridad sea producir con calidad, y dar los medios necesarios para acercar esta nueva música a nuevas audiencias. Si los teatros oficiales van a mantener su repertorio italiano, entonces es preciso generar más lugares. Pero no solo en Buenos Aires: necesitamos también espacios en el interior del país, donde hay una variada producción. Como cordobesa tuve la oportunidad de experimentar increíbles puestas escénicas de ópera independiente en los escenarios más variados.

La ópera se caracteriza por una complejidad escénica que comprende elementos técnicos, actorales y vocales en conjunto con la música interpretada en vivo, ya sea por una gran orquesta o un pequeño ensamble. Sin embargo, como la mayor parte de la producción en artes escénicas argentinas, este género es desarrollado principalmente por agrupaciones que no pertenecen al circuito oficial, las cuales financian su producción de manera autónoma o con subsidios estatales, que solo en escasas excepciones cubren los costos en su totalidad.

Debido a su carácter escénico y musical la ópera corre el riesgo de quedar excluida del financiamiento estatal. Alcanza con ver el primer artículo de la Ley Nacional del Teatro (n° 24.800): La actividad teatral, por su contribución al afianzamiento de la cultura, será objeto de la promoción y apoyo del Estado Nacional. O la ley 26.801 de creación del Instituto Nacional de la Música:  Esta ley tiene por objeto el fomento de la actividad musical en general y la nacional en particular. Esta división de las artes facilita el poder apoyarlas y promoverlas desde sus particularidades, pero deja excluida a la ópera. La política cultural debe velar por la promoción, difusión y apoyo de la lírica mediante espacios de formación, subsidios de producción y circulación de puestas operísticas. No solamente para fomentar el trabajo de los creadores, sino para contribuir al afianzamiento de la cultura. Y esta política cultural debe hacerse presente a través de funcionarios capacitados para este trabajo, quienes comprenden tanto el aspecto artístico como la gestión de este género.  

La ópera debe sacrificarse como género sagrado de las artes escénicas, y buscar nuevos caminos.

La relevancia de la ópera

En este punto no voy a comparar con Europa, y sobre todo con Alemania, donde el desarrollo histórico, político y cultural han marcado la forma en que se pone en escena y se produce este tipo de espectáculos. En próximos artículos abordare los principales elementos que caracterizan la producción operística en Alemania, basados en mi experiencia laboral y de formación en este país. Y desarrollaré de qué manera el Estado como responsable de la política cultural en intercambio con los agentes culturales dan lugar a una producción actual y diversa, pero principalmente expondré cómo los hacedores logran llevar a cabo sus obras de manera independiente.

Creo que la ópera es relevante como lo son todas las artes: este género tiene la misma relevancia que el teatro de actores, de objetos, de títeres, que el cine, la pintura, la música clásica, el folclore. Es Arte. Y son los artistas los que lo producen. No me gusta nada cuando dicen que se trata de un género elitista y para público especializado, pero sabemos que se ha vuelto así, ya que son pocos los que pueden acceder al precio de una entrada.

Para trascender el estatus de elitista, la ópera debe sacrificarse como género sagrado de las artes escénicas, y buscar nuevos caminos: eso solo será posible brindándoles a los creadores los espacios y recursos necesarios para crear. Sobre todo son los jóvenes quienes normalmente se arriesgan a cuestionar los dogmas de la ópera, a través de la búsqueda de nuevas estéticas. Esta diversidad se puede ver no solamente en el número de artistas y compañías independientes que llevan adelante la producción operística, sino también en los variados espacios no convencionales donde los públicos entran en contacto con ella: en gimnasios de colegios, en fábricas recuperadas, en monumentos históricos, en clubes.

Tanto la calidad como el potencial que puede alcanzar la ópera en Argentina, a nivel oficial como independiente, puede constatarse: la formación es de primera calidad, lo comprobé yo misma al venir a estudiar a Europa. No solamente respecto a los programas de estudio abordados, sino también de la manera en que de manera crítica y reflexiva nos posicionamos ante el hecho artístico como creadores: el hacer y el pensar marcan nuestra formación.  Y esto se refleja en la escena lírica argentina independiente: hacedores comprometidos y jugados hay. Pero el Estado debe estar presente en su rol de fomentador de la cultura a través de políticas culturales de creación, formación y fomento que posibiliten el desarrollo de la ópera en toda su extensión. Y lo sabemos: los cambios los producen los mismos artistas. Nadie pide permiso para patear el tablero.

  1. Buen articulo, soy cantante lirico y musico popular tambien. Siempre pienso en maneras de romper con la opera conservadora y llevarla a un lugar mas actual, mas popular. Espero algun dia toparme con gente que active en ese sentido! SAludos. Victor

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