“Hoy siento que Magna Lírica volvió a ser mía”

La soprano Mariana Carnovali expone las vicisitudes que tuvo que afrontar cuando intentó cambiar el modelo de gestión de su compañía de ópera independiente.

Por Noelia Pirsic

Magna Lírica va por su cuarto año consecutivo de actividades en el circuito off de Buenos Aires. En 2018 estuvo a punto de constituirse como asociación civil junto con otras personalidades conocidas del mundo de la cultura. El hecho fue de conocimiento público: hubo anuncios en los medios masivos de comunicación, numerosas reuniones, audiciones y la promoción de una temporada que en principio incluiría tres títulos –La Flauta Mágica, La Rondine y Lulú-, de la cual solamente se llegó a estrenar la ópera de Mozart en versión para niños en el Teatro Avenida.

Este año, Mariana Carnovali -fundadora de Magna Lírica-, logró recobrar el control de su emprendimiento a la vez que se puso al día con los compromisos contraídos durante 2018. La transición de su proyecto hacia un formato de sponsoreo privado por poco le costó su independencia como gestora de espectáculos. A partir de esa experiencia, este año decidió continuar con el modelo de autogestión que había funcionado en el inicio.

En conversación con operaenargentina.com, compartió los detalles y aprendizajes de los hechos ocurridos durante este último año y medio.

¿Cómo surge la idea de agrandar Magna Lírica?

Empezó en 2017 cuando comencé a conocer a otra gente vinculada con el medio artístico que se entusiasmó con el proyecto y me afirmó que desde su posición podían ayudarme a conseguir sponsors para hacer que la compañía creciera y pudiéramos llevarla al Teatro Avenida. Todo empezó con la idea de hacer Lulú. Me pasaron un número exacto de lo que un sponsor podía aportar y, en base a eso, pensé en qué podía gastarse ese monto. Propuse más proyectos con más elencos para que muchas personas pudieran trabajar y es así como terminamos pensando una temporada completa para 2018. Esa idea fue aceptada por todos y pasamos a ser varias personas las que tomábamos las decisiones sobre Magna. A poco de comenzar la temporada, me llamaron para decirme: “El sponsor no está”. Esto sucedió poco antes del estreno de la primera ópera. Entre tanto, unas semanas después, cuando ya estábamos en proceso de conformar una asociación civil, me dijeron: “Hacemos Lulú, o nada”. Entonces decidí no firmar porque iba a perjudicar a un montón de gente.

¿Te estaban proponiendo hacer Lulú como único título en reemplazo de toda la temporada?

Sí, la propuesta era conseguir fondos para hacer únicamente esa ópera. Pero yo quería conseguir dinero para aportar a todos los proyectos: las óperas de chicos y de grandes. No quise seguir adelante porque me había comprometido con mucha gente. No podía dejar afuera todos los demás títulos para llevar a cabo solo ese. Necesitábamos sostener la temporada con otras obras que la gente tuviese ganas de ir a escuchar y en ese sentido Lulú no era una buena idea. Todo se fue dando muy paulatinamente, pero llegó un momento en que sentí que la compañía ya no era mía porque me hacían esperar mucho en cada decisión a tomar, se decían y se desdecían sobre lo que iban a hacer, que iban a hablar con tal o cual persona. Pasaban las semanas y yo tenía gente esperando.

¿Ya tenías muchos artistas comprometidos de palabra?

Tenía gente comprometida de acá y del exterior, gente como Sherrill Mines. Gente de otros países que hasta se había comprado el pasaje para cantar en Lulú ya que me exigían que uno de los roles fuera casteado con un tipo de cantante en particular. Todos habíamos empezado a preparar esa obra. Para La Rondine habíamos hecho audiciones y charlado condiciones. Toda la temporada estaba programada y anunciada. Fue un productor de afuera el que me advirtió. Me dijo que lo que se estaba gestando no iba a ser provechoso para mí ni para la gente que estaba involucrada en los proyectos, ya que lo único que querían, según su visión, era que la compañía creciese para beneficiar económicamente a algunas personas, y no que cumpliera los fines para los que fue creada.

¿Cómo era la gestión de Magna Lírica antes de que se acoplara más gente al proyecto?

El aporte económico venía de mi bolsillo exclusivamente y trabajábamos con el dinero que se podía recaudar a bordereaux. Íbamos sumando materiales, vestuarios y cosas que nos quedaban para seguir trabajando. Pudimos reciclar algunas cosas y trabajar desde ese lugar sin tener nunca un sponsor. La situación económica también era otra al principio, en 2016, cuando empezamos con las óperas en Hasta Trilce. Fue a partir del ingreso de Magna Lírica que se generó el Ciclo de Ópera en ese espacio al que luego se incorporaron otros artistas con sus propuestas como Guillermo Vega Fischer y Walter Castillo. Luego nos abrió sus puertas el Teatro Marienheim de Villa Ballester, gestionado por Marina Arqueros. Así fue como aparecieron otros títulos como La Flauta Mágica para niños. Teníamos una serie de proyectos armados que viajaban a otros espacios como el Galpón Artístico de Caballito en Capital Federal, Espacio Osmecon en Villa Ballester. Fue una época hermosa, de mucho crecimiento.

¿Por qué decidís seguir adelante con La Flauta Mágica en el Teatro Avenida a pesar de la baja del principal sponsor?

En ese momento parecía posible hacerlo porque quienes iban a firmar para ser parte de la asociación civil habían hecho un aporte inicial que servía para abonar el alquiler de la sala, así que ese monto se destinó a eso, a pesar de que la asociación civil nunca fue conformada con esa gente. En su momento los llamé, les agradecí toda la ayuda y les dije que les iba a pagar la cuota inicial que ellos habían depositado, ya que tal había sido el acuerdo. De todos modos, esa deuda ya fue saldada, y cuando todos se alejaron sentí desde un lugar positivo que había recuperado la esencia de mi compañía.

Para La Flauta Mágica, gracias a la ayuda de dos productores que trabajan en la creación de nuevos públicos en escuelas, pudimos hacer cuatro funciones. Fue un proyecto increíble, me encanta trabajar con chicos particularmente ya que siento que les estamos brindando algo que no es fácil conseguir hoy por hoy en la cultura en general porque para acercarse a la ópera hay que venir de un ambiente muy específico o tener una familia que tenga un gusto particular por la música clásica. Ofrecerles esa oportunidad me encantó.

¿Cómo interpretás el amague que hubo con el tema del sponsor y la temporada?

Creo que hubo cierta especulación económica, que les iba a ir muy bien, pero la verdad es que la ópera no es un género que haga millonario a nadie, lo podemos constatar con cualquier gestor cultural. Me parece que existía esa idea de que llevando a cabo por lo menos uno de los proyectos y pidiendo una determinada cantidad de dinero íbamos a recuperar costos y generar algo de ganancias pero yo no podía aceptar hacer solo un título.

¿Por qué terminás asumiendo todos los riesgos?

Me presté a eso porque sentía que, si salía bien, no estaríamos ahora hablando de la situación que pasé sino de la buena idea que tuve. En ese sentido es todo bastante dramático en este país porque, cuando no te va bien, sos automáticamente descartable, una persona que no sabe hacer las cosas, y todo esto que te cuento no se ve, no sale. Yo también podría haber dicho: “Hago Lulú y dejo colgada a toda la gente y me beneficio yo sola y los aportantes” pero para mí es importante la gente, porque soy parte del ambiente artístico y soy consciente de la necesidad de generar espacios. Hoy veo a artistas del Teatro Colón cantando en compañías del off y me entusiasma porque hace no tanto tiempo algo así era impensado. Un cantante del Teatro Colón solo correspondía a ese lugar y de ahí no salía, ya que la institución le daba esas posibilidades. Pero hoy el Teatro programa con cuatro cantantes y es un sistema que quizás funciona perfecto para ellos pero deja sin trabajo a miles de personas que quedan por fuera.

¿Qué pasó después de la disolución del proyecto de asociación civil?

Luego de realizar La Flauta Mágica también tuve que pagar la sala de ensayos que nos cedió Fernando Ferrigno en Trianón XXI. Ya habíamos hecho audiciones para orquesta allí, habíamos ensayado partes musicales y se había generado una deuda muy grande porque además necesitamos el espacio para ensayar La Flauta Mágica con tres elencos. Alguna de esa gente está ahora mismo actuando en Juventus Lyrica y eso me hace muy feliz, ya que en algún sentido el paso por Magna Lírica marcó un camino en el proceso de algunas personas. Para las funciones que nosotros hicimos en el Teatro Avenida el año pasado, la recaudación solo alcanzó para terminar de abonar el alquiler, entonces decidimos pagarle a los 65 artistas de nuestro bolsillo, junto con el director musical Facundo Sacco.

Más allá de haber trabajado un año y medio gratis para saldar cuentas, en un punto siento que tengo que agradecerle a mucha gente. Lo económico lo pude resolver porque tuve un gran equipo, entre ellos Ana Ugarte quien me acompañó en producción y organización. Hubo gente que me levantaba y me decía: vas a poder, lo vas a hacer, vamos a idear algo. Los productores de ópera para chicos nos contactaron con más colegios para poder llevar el proyecto a otras escuelas. Cada ganancia era destinada a pagar y ponernos al día con las deudas. Ni en los momentos más duros de Magna vino gente a cantar gratis. Fue muy estresante pero como aprendizaje me llevo que a veces una piensa que hace falta tener grandes sponsors para lograr determinados resultados y a veces aunque tengas mucho dinero el resultado es mediocre. Me quedó grabada una frase: “El éxito de tu empresa dependerá de la gente que tengas en tu equipo”. Así fue. Después de esta situación, vino gente con más fuerza a apoyar a Magna Lírica. Yo creo que su continuidad ahora es una deuda con esa gente. Agradezco haberme encontrado con las mujeres del Ensamble Lírico Orquestal y Compañía Verdi, en ellas encontré apoyo incondicional. Son gestoras que llevan sus proyectos a capa y espada de quienes aprendo mucho.

¿Cómo afectó esta situación en tu carrera como cantante?

Este año me hice un cuestionamiento a nivel personal. El estrés de producir se vuelve muy adictivo pero cuando ves gente en el escenario, cantantes y músicos interpretando por primera vez una ópera, te dan ganas de entrar de vuelta. Porque en la mayor parte de la temporada que estábamos ideando para 2018 yo no iba a estar involucrada como intérprete, salvo en Lulú. Ahora estoy más receptiva de mis ganas de cantar, más allá de lo que yo pueda llegar a producir. Así que en lo que queda del año se viene El Holandés Errante en Neuquén junto con Boris, un concierto precioso con Ópera Periférica que es un proyecto muy sensible de Pablo Foladori que muestra otra faceta: gente que lucha contra los prejuicios. En la ópera vivimos haciendo eso. Todo es un ‘no’ en la ópera, hasta que se hace. Creo que estamos en una época hermosa de creación, transformación, lo veo en mis colegas y me hace feliz porque para mí el movimiento es en conjunto. La ópera tiene que estar dando vueltas en todos lados y que eso suceda en la situación que vivimos hoy por hoy me parece hermoso. El género se diversificó.

En ese sentido, vos también diversificaste tu carrera en los últimos años: cantaste en escenarios del off, en el Teatro Colón, en un musical de la calle Corrientes. Articulaste varios aspectos de ser cantante para poder vivir de la música.

Yo creo que lo que tiene que prevalecer es que nunca te consuma la idea de empezar a dudar de tu talento. Porque el sistema te lleva un poco a eso: la ópera no sirve, no vas a poder vivir nunca de la música. Con mi experiencia este año comprobé que tanto en la ópera como en una musical de la calle Corrientes el arte se vive igual: la gente sale llorando, te agradece, la música se disfruta en todas sus formas. Todo lo que viví en este último año y medio fue un gran aprendizaje. Me alegra haber vuelto al centro de Magna Lírica. Aprendí que la gente que trabaja en el off es muy generosa. Si el aprendizaje era en quién confiar, yo creo que hoy ya lo sé. No quiero depender de las ideas y dinero de otros. Fue algo no tan bueno y algo muy bueno en otros aspectos, recién hoy siento que Magna volvió a ser mía. Respiro, me siento en casa y vuelvo a mi cuadernito a ver cuáles son las posibilidades económicas y personales para llevar a cabo un proyecto y con quién hacerlo para que me haga feliz. La idea es que sea un momento de felicidad para todos los involucrados. Si tengo que lidiar con gente que por poner un dinero en la mesa me inhabilita de ser quien soy, nunca lo voy a aceptar.

  1. “La idea es que sea un momento de felicidad para todos los involucrados. Si tengo que lidiar con gente que por poner un dinero en la mesa me inhabilita de ser quien soy, nunca lo voy a aceptar.”

    Excelente nota, excelente pensamiento. Y excelente forma de encarar la vida.

    Me gusta

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: